El grooming, una práctica delictiva que crece y preocupa

Este delito informático consiste en adultos que buscan establecer lazos de amistad con menores en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual. En los casos más extremos, esos vínculos pueden llegar a encuentros

Micaela Ortega salió de su casa y se dirigió al acceso sur de la ciudad de Bahía Blanca. Estaba sola y esperaba encontrarse allí con una amiga que no conocía y con la que sólo había chateado por Facebook. No sospechaba que en realidad su “amiga” era Jonathan Luna, un groomer de 26 añosque usaba perfiles falsos en la red social para engañar a sus víctimas.

Camuflado como una nena de 12 años, la misma edad que Micaela, Luna la convenció por chat para que se vieran y la invitó a su casa. “Te va ir a buscar mi primo”, le escribió. Micaela apareció muerta cinco días después.

Su cuerpo, hallado atado de pies y manos en un descampado, mostraba signos de violencia y asfixia por estrangulamiento. “No quería tener relaciones sexuales conmigo”, alegó Luna en el juicio que lo condenó a perpetua el año pasado.

A Micaela Ortega la mató el grooming.

Ella, como muchos nenes y nenas, fue víctima de este delito informático que consiste en adultos que buscan establecer lazos de amistad con menores en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor. En los casos más extremos, esos vínculos pueden llegar a encuentros con consecuencias muy graves.

El grooming está muy extendido en redes sociales pero, paradójicamente, es poco conocido por los adultos. El año pasado, un estudio de la ONG Grooming Argentina arrojó que sólo el 28,4 % de los argentinos conoce este tipo de acoso virtual infantil.

El 39% de las 2.000 personas que participaron de la encuesta no sabía que era el grooming. Tres de cada diez personas directamente no tenían idea.

“El desconocimiento es tanto que en la mayoría de las comisaría no saben cómo tomar la denuncia“, dice Hernán Navarro, director de Grooming Argentina.

Y agregó: “El delito va en aumento, por eso el hecho de que todavía haya pocas denuncias tiene que ver con que se desconoce de qué se trata esta modalidad: hasta ahora no ha habido políticas públicas sobre el tema“.

El crecimiento de los casos es otro dato preocupante. En 2017, según la fiscalía a cargo del Equipo de Delitos Informáticos de la Ciudad de Buenos Aires, hubo cerca de cinco mil casos en Argentina. Es decir, casi 14 casos por día.

“En tres años el número de denuncias aumentó más de un 60%”, contó a ClarínLuis Angel Nocera, director de la Asociación Argentina de Lucha contra el Grooming.

¿Pero cómo se lucha contra este flagelo? Clarínvisitó uno de los centros de investigación dónde se combate el delito: la Dirección de Delitos Informáticos de la Policía de la Ciudad.

Allí, cada día, un grupo de investigadores especializados realiza perfiles de los groomers, entre computadores especiales y programas diseñados específicamente para la cuestión.

Gabriel Ricci, subcomisario de la dirección, explica: “Se trata de ubicar al acosador a través de su IP, que es la puerta de salida que usa el usuario de una computadora cada vez que opera en Internet”.

“Esto muchas veces posibilita identificarlo, ya que el IP registra el día, la hora y el lugar desde donde se conectó el groomer”, agregó Ricci, mientras mira en la pantalla la ficha de un sospechoso, con todos sus datos.

En oficina trabajan varias personas, que se encargan de rastrear información, buscar direcciones y pedir informes a otros organismos especializados en el tema.

Aún así, aclara, ubicar a los acosadores es una tarea difícil. Los investigadores tropiezan constantemente con barreras informáticas difíciles de sortear. “Los groomers experimentados usan aplicaciones que borran el IP, con lo cual es imposible rastrearlos”, subraya Guillermo Mazza, técnico especialista de la policía porteña.

En estos casos, los expertos echan mano a otras técnicas que consisten en acumular y cruzar datos. “Usamos técnicas de rastreo de redes. Algunos de los datos que estos tipos ponen en sus perfiles falsos son verdaderos”.

“También estamos empezando aplicar agentes encubiertos para cazarlos, lo cual ya está habilitado legalmente”, cuenta Enrique Del Carril, de la fiscalía de cibercrimen de la Ciudad. “Hay por lo menos un fiscal especializado en este tema en cada una de las provincias”, asegura.

En el 2013, el Congreso incorporó “al Código Penal el delito de la práctica del ‘grooming’ referente a la utilización de medios electrónicos destinados a ejercer influencia sobre un menor para que realice prácticas sexuales explícitas o actos con connotación sexuales”. Las penas van de los seis meses a los cuatro años de cárcel.

Otro problema grande con este modalidad delictiva es que los groomers no tienen un perfil definido. “Puede ser cualquiera, de cualquier edad y profesión. No hay límites“, cuenta del Carril.

“En general prefieren niños y niñas de entre 8 a 12 años. Usan el perfil de la víctima (gustos, tendencias, nombres de amigos y familiares) para crear su red y engañarla”, cuenta.

Según los especialista, en la deep web hay manuales para saber cómo ser un groomer o cómo seducir a un menor: hay hasta un día del groomer.

“Es como una subcultura. Entre ellos sociabilizan, comparten material, experiencias. Creen que lo que hacen no es ilegal. Les gusta ver y en la mayoría de los casos no llegan al contacto físico”, asegura Del Carril.

Advierten que los pederastas virtuales no solo usan todas las redes sociales para seducir a sus víctimas (Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram y Youtube). También atacan en juegos de red, entre los cuales se encuentran Preguntados, Mundo Gaturro, Club Penguin, Petsociety, Classroyals, Juegos de Play Station 4, Saraha y Minecraft.