Mayor tiempo escolar puede tener efectos en los aprendizajes y en las trayectorias escolares, según muestra la evidencia relevada por los autores del informe. Extender el tiempo escolar, ya sea aumentando la cantidad de horas o días de clase, puede impactar en la mejora de aprendizajes, reducción de la repetición de grado y mejoras en la asistencia futura a la escuela, entre otros efectos.En Argentina se planificaron 186 días “teóricos” de clase en 2022, una cifra igual al promedio de los países de la OCDE. Hay países con 200 o más días de clase como Israel (209), Japón (203) y Australia (200), Colombia (200), Costa Rica (200), Dinamarca (200), Italia (200) y Brasil (200). Por otro lado, entre los que no llegan a los 180 días se encuentran Letonia (169), Islandia (170), Portugal (173), Grecia (174), Croacia (175), España (175), Lituania (175), Estonia (175), Polonia (177) y Suecia (178).

Al analizar las horas teóricas de clase se observa que Argentina (con 829 horas) supera el promedio de los países de la OCDE (807). Por un lado, hay países que superan las 1.000 horas de clase por año, como Costa Rica (1.147 horas), Chile (1.026), Dinamarca (1.000), Colombia (1.000) y Australia (1.000). Por otro lado, la cifra es mucho más baja en países como Polonia (567), Rusia (598), Letonia (599), Lituania (599) y Corea (655).

“Argentina tiene, tanto en primaria como en secundaria, más horas lectivas que países que alcanzan resultados de aprendizaje superiores. Por eso señalamos que el tiempo escolar importa, pero resulta fundamental que sea de calidad. La extensión del tiempo debe estar acompañada de otros factores tales como mayor inversión, flexibilidad, cambios en las prácticas pedagógicas, gestión del clima de convivencia, hábitat adecuado, provisión de recursos para los docentes y apoyo de otros profesionales”, señala Alejandro Castro Santander, director del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica de Cuyo.

Cecilia Veleda, exdirectora del Instituto Nacional de Formación Docente, sugiere priorizar la implementación de la jornada completa en los barrios más vulnerables e implementar otras medidas para ampliar el tiempo de aprendizaje en el resto del sistema: “Ante todo, evaluar el impacto de la política de una hora más, contar con información sobre el tiempo efectivo de clases, mejorar el mantenimiento de los edificios escolares, reducir el ausentismo de docentes y estudiantes, brindar apoyo escolar a los estudiantes con dificultades, e incluso explorar las posibilidades que abren las aplicaciones y plataformas de aprendizaje lúdico en celulares, para expandir el tiempo de aprendizaje más allá de la escuela”.

“En horas de clase, la Argentina iguala a la OCDE, pero ambos están en el medio de la tabla, lo que indica amplias y variadas oportunidades de mejora. Puede ocurrir que haya varias provincias, o regiones de ellas, que estén por debajo de su potencial. Si esta hipótesis es correcta, quizás hay oportunidades de mejora en muchas regiones de la Argentina, sobre todo en las más pobres”, analiza Juan Llach, exministro de Educación de la Nación.

El informe plantea la necesidad de avanzar con la implementación de sistemas de información para poder hacer un seguimiento de la cantidad de horas y días de clase efectivos en el país. De acuerdo con los autores, “el monitoreo de estas variables es clave para poder garantizar trayectorias constantes en el tiempo y, con los alumnos en el aula, poder trabajar en los pasos siguientes que necesita la educación argentina para asegurar los aprendizajes y llegar con las mismas horas de clase a niveles de resultados como los de los países de la OCDE”.